
Finalmente, escogí El tercer hombre, dirigida por Carol Reed. Mi elección se fundamentó en un gusto personal, a parte de lo que podría ser lo más obvio: clásico del cine negro, actuación de Orson Welles (posible influencia suya en la dirección, punto que para qué discutir). En cuanto a mi gusto personal… dos puntos principales: el humor y el suspenso. Primero, el humor. Está basado en situaciones absurdas. La principal, un escritor que viaja de Estados Unidos a Viena para encontrarse con su mejor amigo, que le ha ofrecido un trabajo, y que cuando llega, su supuesto anfitirión acaba de morir atropellado. Secundarias, un escritor gringo de novelas baratas que no sabe quién es James Joyce y pretende ser detective, o tal vez un personaje de sus noveluchas; un muerto que no está muerto, estaba de parranda; ¡la propuesta de una novela policiaca donde no hay crimen! El segundo punto, el suspenso, está hecho a partir del blanco y negro (fotografía espectacular): sombras fantasmas que crecen, aparecen y se esfuman, contrastes fuertes, impresionistas, cloacas laberínticas de Viena; y a partir de la conformación de los planos: imágenes saturadas y exceso de planos inclinados. Construcciones de una vieja ciudad europea, azotada por al guerra, que se superponen casi a modo de caricatura, con gradas, ventanas, ladrillos. Todo esto, en inclinación, lo que produce en el espectador un terrible sentimiento de vértigo: el vivo (o el muerto) está y no está, es y no es, pues el personaje se conforma en off, de lo que dicen los otros, de sus sombras. Los elementos se juntan: humor y suspenso. No voy a olvidar la escena de Orson Welles escondido en una puerta, después de haber confabulado el espectáculo de su muerte, y descubierto absurdamente por una mujer que se le ocurre prender la luz de la casa de enfrente, para que Holly Martins (su mejor amigo y reciente detective, después de haber fracasado en el ámbito literario) vea la cara viva de su amigo muerto: Orson Welles, pícaro, alzando la ceja y renaciendo del Hades de Viena, mientras la música alegre de una citara acompaña la escena.
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