
Siempre he encontrado una similitud entre el cine de Hitchcock y la razón de ser del arte (vista, claro está desde mi punto de vista personal): el artista busca espantar sus fantasmas interiores y sus miedos más profundos por medio de la expresión dramática y estética. Resulta fantástico la forma en la que Hitch, Olivier y Fontaine logran otorgar protagonismo en sus vidas a un personaje desaparecido, no-físico. De la misma manera en la que el ser humano libra una de sus más grandes batallas existenciales: deshacerse de sus propios espectros.
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