Esta es una concepción propia: el gusto cinematográfico es un concepto relativo, pues no solamente depende de la calidad de dirección, guión, actuaciones y aspectos técnicos que intervengan en una película, sino también de las circunstancias personales que manejó el espectador al admirar la obra en cuestión.
Podría ser, en cambio, que la calidad si sea un concepto universal: un director que refleja su personalidad en el trabajo de su equipo, actores con caracterizaciones creíbles, música y fotografía que nos llevan directamente hacia los sentimientos y lugares presentados, una historia que divierta y – en el mejor de los casos – también proponga una hipótesis existencial, etc.
Basura, por el contrario, es aquello que se ve y se bota: de la cabeza, del alma, de la mente. Lo paradójico del asunto es que no siempre las obras de calidad evitarán convertirse en basura: depende del gusto que se haya generado.
Dicho esto, empezaré por aquella película que goza de buenos comentarios acerca de su calidad cinematográfica y que, además, cuenta con el aval de mi gusto personal: El Graduado, (Mike Nichols, 1967). Esta es la historia de Benjamin Braddock, tímido e inseguro joven de alta sociedad quien entabla una relación clandestina con la Sra. Robinson, mujer madura, casada y amiga cercana de la familia Braddock. Benjamin se enamorará posteriormente de Elaine, la hija de la Sra. Robinson, y hará entonces todo lo posible por quedarse con ella pese a que ese intento conlleve varias consecuencias: el descubrimiento del romance prohibido con la Sra. Robinson, la estruendosa irrupción en la ceremonia nupcial de Elaine con el consiguiente escape de los amantes fugitivos y la aparente ruptura de los cánones impuestos por la sociedad conservadora en la que ambos se desenvuelven. Varios elementos hacen que adore esta película: la maravillosa música de Simon & Gardfunkel, las memorables actuaciones de Dustin Hoffman (Benjamin Braddock) y Anne Baxter (Sra. Robinson), quien por cierto era solamente 6 años mayor a Hoffman en la vida real y la virtuosidad de Mike Nichols en contar una historia sin causar aburrimiento en pasaje alguno. Además, el retrato de una sociedad conservadoramente hipócrita como la Norte-Americana combina perfectamente con el desencanto que sufren Benjamin y Elaine en la escena final, cuando, tras escapar de la iglesia, se sientan en un bus y permanecen callados: entrando, sin quererlo, a ese círculo falso y decadente del que intentaban alejarse.
He escuchado críticas casi unánimes sobre la calidad y el gusto por There will be blood (Paul Thomas Anderson, 2007) y lamento no incluirme en ellas. PTA es un excelente director que me dejó maravillado con la célebre Magnolia (1999) y la bizarra Punch Drunk Love (2002); sin embargo su última película deja mucho que desear. No encuentro un argumento sólido que mantenga el interés durante los 158 minutos de duración ni algún otro elemento que me emocione por su fuerza o belleza. Es verdad que la actuación de Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview) es buena, pero no llegué a compenetrarme con la personalidad del protagonista de la novela Oil de Upton Sinclair: un hombre cegado por el odio. la ambición y el resentimiento
Podría ser, en cambio, que la calidad si sea un concepto universal: un director que refleja su personalidad en el trabajo de su equipo, actores con caracterizaciones creíbles, música y fotografía que nos llevan directamente hacia los sentimientos y lugares presentados, una historia que divierta y – en el mejor de los casos – también proponga una hipótesis existencial, etc.
Basura, por el contrario, es aquello que se ve y se bota: de la cabeza, del alma, de la mente. Lo paradójico del asunto es que no siempre las obras de calidad evitarán convertirse en basura: depende del gusto que se haya generado.
Dicho esto, empezaré por aquella película que goza de buenos comentarios acerca de su calidad cinematográfica y que, además, cuenta con el aval de mi gusto personal: El Graduado, (Mike Nichols, 1967). Esta es la historia de Benjamin Braddock, tímido e inseguro joven de alta sociedad quien entabla una relación clandestina con la Sra. Robinson, mujer madura, casada y amiga cercana de la familia Braddock. Benjamin se enamorará posteriormente de Elaine, la hija de la Sra. Robinson, y hará entonces todo lo posible por quedarse con ella pese a que ese intento conlleve varias consecuencias: el descubrimiento del romance prohibido con la Sra. Robinson, la estruendosa irrupción en la ceremonia nupcial de Elaine con el consiguiente escape de los amantes fugitivos y la aparente ruptura de los cánones impuestos por la sociedad conservadora en la que ambos se desenvuelven. Varios elementos hacen que adore esta película: la maravillosa música de Simon & Gardfunkel, las memorables actuaciones de Dustin Hoffman (Benjamin Braddock) y Anne Baxter (Sra. Robinson), quien por cierto era solamente 6 años mayor a Hoffman en la vida real y la virtuosidad de Mike Nichols en contar una historia sin causar aburrimiento en pasaje alguno. Además, el retrato de una sociedad conservadoramente hipócrita como la Norte-Americana combina perfectamente con el desencanto que sufren Benjamin y Elaine en la escena final, cuando, tras escapar de la iglesia, se sientan en un bus y permanecen callados: entrando, sin quererlo, a ese círculo falso y decadente del que intentaban alejarse.
He escuchado críticas casi unánimes sobre la calidad y el gusto por There will be blood (Paul Thomas Anderson, 2007) y lamento no incluirme en ellas. PTA es un excelente director que me dejó maravillado con la célebre Magnolia (1999) y la bizarra Punch Drunk Love (2002); sin embargo su última película deja mucho que desear. No encuentro un argumento sólido que mantenga el interés durante los 158 minutos de duración ni algún otro elemento que me emocione por su fuerza o belleza. Es verdad que la actuación de Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview) es buena, pero no llegué a compenetrarme con la personalidad del protagonista de la novela Oil de Upton Sinclair: un hombre cegado por el odio. la ambición y el resentimiento
A Andrei Tarkovski (1932 – 1986) lo conocí hace poco, en el festival de cine ruso del Ocho y Medio. Su carta de presentación fue Offret (1986) de la cual es su guionista y director. No puedo haber peor primera cita: soy una persona bastante paciente, pero la extrema lentitud la película y su complicado argumento, me motivaron a soñar despierto que me metía a la pantalla y empujaba a todos los caracteres a un peñasco para que todo termine de una buena vez. Sin embargo, al día siguiente estaba pensando sobre las cosas que un padre puede hacer por sus hijos con el fin de proporcionarles una buena vida y recordé, entonces, cómo Alexander (interpretado por Erlan Josephson) renuncia a su vida y su cordura con tal de salvar a su hijo de los efectos de la guerra. Contento con esta reflexión, decidí ver a Tarkovski de otra manera: lentamente y sin expectativa alguna. El resultado es bueno hasta el momento: voy en los primeros quince minutos de Stalker (1979) y estoy disfrutando de la maravillosa fotografía de la película. Estoy seguro que voy a descubrir algo más y que, además, voy a cultivar mi paciencia.
Lo confieso: soy uno de los que derramaron una pequeña lágrima, (pero lágrima al fin) cuando Bruce Willis muere en Armageddon (Michael Bay, 1998). Historia para melodramática e irreal que proclama a los Norte Americanos como los indiscutibles salvadores del mundo. Además se presentan los típicos caracteres gringos: el viejo duro y traumado Harry S. Stamper (Bruce Willis), su bella y sexy hija Grace (Liv Tyler) enamorada del apuesto galán con nombre de iniciales A. J. Frost (Ben Affleck). Sin embargo, me gustó: me emocioné, me agarró el sentimiento cuando parecía el planeta iba a desaparecer y salí del cine contento de que eso no hubiese sucedido y que tendría más oportunidades de ver basura y bellezas.
Existe un público para todo y es por ello que la temática y la calidad de las películas son tan variadas; sin embargo me entristece sobremanera cuando esa calidad es utilizada para presentar elaboradas torturas y demenciales asesinatos a seres humanos en un mundo que necesita de tanta tolerancia, paz y comprensión: me refiero a la saga de Saw (2004 – 2007).El cine es arte, es un producto eminentemente humano y, como tal, genera diferentes percepciones y reacciones. Puede ser que una película no cambie al mundo, pero a mí personalmente me ha llevado a disfrutar, tolerar y entender aún más a la vida: con sus bemoles y sostenidos, con sus altos y bajos, con su calidad y basura, con su gusto y disgusto. Esta es una relación romántica que espero nunca termine.
4 comentarios:
Me divertió mucho lo que escribiste, creo que el relajarte te dejó fluir ful para hablar de las películas. Además, no las he visto algunas y de ley las veo.
Buenisima tu nota. Una par de veces me sacaste carcajadas. Eso vale oro. Con Tarkovski hay vamos. Yo aun no acabo de ver "El espejo".
Que te dire...Ben Affleck es tan brillante que siempre hace los mismos papeles en todas las peliculas...el super heroe de la nenas... ya no me acuerdo bien si era Armageddon o Pearl Harbor que consolo a la chica mas bella, luego de que otro se partio salvando al mundo..jaja..
Muy bien argumentado tu artículo. Creo que nadie se dio el trabajo de elaborarlo tanto.
Creo también que Tarkovsky es bien complejo, aunque para todos es un genio no es un cine fácil. Tal vez deberías ver El sacrificio, hizo esta pelicula en Suecia y tiene algunas cosas más interesantes que en las otras.
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